"El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer"

(E. Sábato, 2001)

viernes, 1 de abril de 2011

PARA L@S QUE SEGUIMOS APRENDIENDO COSAS EN LA VIDA (OSEA, TO@S)...
Y A TOD@S L@S PROFES Y ALUMN@S QUE APRENDEMOS Y ENSEÑAMOS, FELIZ CICLO LECTIVO 2011!!!

La Aventura del Proceso de Aprendizaje (Alejandro Dolina)


La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos.
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos..... "
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas.
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que no ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoyevsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio. Quieren el prestigio y la guíta que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".

"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje" .

martes, 8 de marzo de 2011

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

 


El Día Internacional de la Mujer, originalmente llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se celebra el día 8 de marzo y está reconocido por la Organización de las Naciones Unidas, ONU. En este día se conmemora la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo integro como persona.
La historia más extendida sobre la conmemoración del 8 de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en esa fecha del año 1908, cuando murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por las bombas incendiarías que les lanzaron ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían. También se reconoce como antecedente a las manifestaciones protagonizadas por obreras textiles el 8 de marzo de 1957, también en Nueva York.

“El planeta cambió. Negar esto, con todas sus consecuencias, sería cerrar los ojos. Es bueno que todo lo humano se enriquezca con la paradoja de la alteridad. Lo humano, el `hombre´ es varón y mujer. En ese sentido, la `liberación femenina´ tuvo su razón de ser y no fue una decisión arbitraria, sino un paso hacia adelante en el proceso de humanización. Representó un corolario de la comprensión de la igualdad de los seres humanos”

(Julio César Labaké, doctor en Psicología Social)


“El concepto de `liberación femenina´ como la igualdad de derechos y deberes con respecto al hombre parte de una visión donde el modelo/referente es el hombre. Tendríamos que pensarlo tendiendo en cuenta las características y los deseos propios de una mujer que quedó atrapada en esta concepción `masculinizada, motorizada por la era industrial. En ese momento, y aún ahora, influyó la necesidad de incluir en el mercado laboral mano de obra barata. Ahí aparece la `apertura´. De todas maneras, la liberación femenina permitió a las mujeres posicionarse mejor en las áreas que antes no podía alcanzar. No simplificó ni complicó sus vidas. Más bien, amplificó el campo de acción y ofreció más oportunidades. No existe la `liberación femenina´ perfecta, así que pensemos en `lo posible´. Hay que seguir reflexionando sobre esta representación masculinizada de la `mujer que trabaja´ o que es `exitosa´. (…) No creo que retornando a concepciones pasadas – ni idealizándolas – se solucionen los inevitables reajustes que la humanidad debe hacer en cuanto al lugar que ocupan el hombre y la mujer. No hay cambios sin conflictos. Estamos en una sociedad que no es la de la época victoriana; transitamos el posmodernismo. Con sus pros y sus contras”

(María Rosa Nodar, doctora en Psicología, titular de la Clínica de Adultos y Adultos Mayores, y titular de Psicología Educacional de la Fundación Barceló)

DEJEMOS HABLAR AL POETA…


martes, 1 de marzo de 2011

Promover y practicar el Bien Vivir, 
que no debe confundirse con el  vivir mejor
Vivir mejor suele ser la mayoría de las veces a costa del otro (explotación), vivir mejor que el otro (competitividad), desinteresarse de la suerte del otro (egoísmo e individualismo). El Bien Vivir es, sin embargo, vivir en comunidad, hermandad y sororidad, en armonía entre las personas y la naturaleza; compartir y no competir; alcanzar el equilibrio entre los seres humanos, entre éstos y la naturaleza, entre los hombres y las mujeres; vivir con creatividad y acción conjunta; recuperar la cultura de la vida en armonía y respetar a la Madre Tierra; respetar su capacidad de autorregulación de la vida y del planeta; volver al camino del equilibrio; en definitiva, volver a ser.
(Las religiones al servicio de la Tierra y la Humanidad - Juan José Tamayo, 05-Febrero-2011)
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“(…) Nuestra cultura ha evolucionado mucho y nos permite percibir la muerte con más agudeza y profundidad que antes. Los filósofos existencialistas han señalado de múltiples maneras cómo esta negación de la muerte desemboca en que nuestra vida resulta mucho menos vital y activa. Cuando nos asusta la muerte vivimos de manera extremadamente cautelosa y preocupada ante la posibilidad de que algo pueda sucedernos. Así que, cuanto más tememos a la muerte más tememos a la vida y, por tanto, menos vivimos.
(…) como nos han dicho repetidas veces los místicos de todos los rincones del mundo, la verdadera vida sólo se alcanza aceptando la muerte. Yo comenzaba entonces a buscar decisiones que surjan más del entusiasmo y la aventura y no del miedo, por lo tanto tenía que encontrar una teoría y práctica que me dieran la sensación de descubrimiento, emoción y crecimiento (…)
Dice Chuang Tzu: "El hombre perfecto emplea su mente como un espejo que a nada se aferra ni a nada se niega; todo lo recibe pero no conserva nada". Para los budistas las únicas causas de sufrimiento son el apego y el rechazo
 (El buen vivir o el buen morir - Dr. JORGE ALBERTO ROCCO Médico psiquiatra)
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“Nosotros, los pueblos indígenas, no queremos “vivir mejor”, sino queremos “vivir bien”, que es una propuesta para logar el equilibrio y a partir de ello construir una nueva sociedad”
(Declaración de los Pueblos Indígenas del mundo. Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra 26-04-10)