"El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer"

(E. Sábato, 2001)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

NAVIDAD 2011


De una Navidad más que pasa, o de lo que nos vuelve a pasar en cada Navidad

Nacho (Diciembre 2011)


De las tres cosas fundamentales se me acercan en estas vísperas de Navidad a mi experiencia y a mi corazón. ¿Y por qué no tomarlas como excusas, o como “palabras llamadas”  para compartir-nos lo que vamos sintiendo y tomando como “valioso” en este tiempo que social y culturalmente despierta sensibilidades especiales?
La Navidad y un Nuevo Año, abracemos o no una religión, reconozcamos o no nuestra experiencia de espiritualidad, nos invita a mirar-nos, recordar-nos, encontrar-nos, reunir-nos, regalar-nos. Suele traer-nos también el tiempo de hacer balances, hacer evaluaciones, sentir lo que hemos gozado y lo que hemos transpirado para empujar nuestro trabajo, nuestros esfuerzos, nuestros sueños…
La profundidad que moviliza este tiempo nos invita también a contemplar lo que hemos vivido y lo que viene por vivir. Llamado existencial que nos confronta una y otra vez, como seres sintientes y de conciencia, a aceptar la vida que no controlamos y al mismo tiempo a despertar la fuerza de la voluntad y la libertad de conseguir aquello que creemos valioso y genuino para la vida personal y de otros seres.
La Navidad - más allá de, o ayudados por las intenciones de aquellos varones y mujeres que interpretaron como condensación de creencias y sentidos literarios, y nos transmitieron la experiencia cristiana del Nacimiento de un Niño - nos confronta con la experiencia de Nacer, Re-nacer, Volver a Nacer, de una Promesa, de un Desafío, de una Realización, de una Buena Nueva, de un Milagro.
 “No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy le ha nacido un Salvador…” (Lc. 2, 1-14) ¿Qué significado puede tener esta maravilla de la existencia humana tanto en el nacimiento de un nuevo Maestro que nació, o en un nuevo niño que nace, o en nuestra capacidad de nacer en cada instante? Un nacimiento que es “…portador de una esperanza de comienzo radical, de la posibilidad de una invención que renueve por completo nuestros horizontes. Hay que honrar, en el ser que llega, la oportunidad que se nos ofrece de no encerrarnos en nuestro pasado sino, por el contario, ser superados de veras. Hay que saludar, en el ser que llega, sea donde sea que llegue, como un posible salvador, como una especie de Navidad en cotidiano, como un signo de que todavía puede advenir todo y realizarse por fin lo mejor”. (Meirieu, 1998).
Vuelvo a las tres cosas que me llegan en este tiempo y las comparto para vivir la Navidad. Atención, Ecuanimidad y Compasión. La sabiduría budista nos convoca a vivir estos grandes valores en la difícil búsqueda del equilibrio de la autorrealización y la realización en comunión con los demás humanos y seres sintientes  de nuestra Gaia. Un desafiante llamado a desplegar nuestra capacidad de atender lo que pasa y nos pasa dentro y fuera de nuestro marco de conciencia. A comprender que somos parte de un todo, y que estamos llamados a no reaccionar y totalizar nuestras sensaciones, pensamientos y emociones. Una apasionante oportunidad una y otra vez, de elegir el camino del medio que nos permita hacer la experiencia del a-mor. Ese espacio autocentrado en uno y abierto a otros donde “no hay muerte, por lo tanto, hay vida, realización, construcción, crecimiento, relación” (Jaume Patuel, 2011). Por eso Jesús dice, que lo fundamental también son tres cosas “Amar a Dios, amar al prójimo y amarse a uno mismo” (Mt. 22, 34-40) Concentrarnos, según Jesús, en las entrañas de nuestras heridas, nuestra libertad, y nuestras posibilidades siempre abiertas. Allí reside toda la sabiduría para vivir en plenitud y trascender a nuestra propia voluntad parcial haciendo experiencia de Comunión-Amor con nosotros mismos, con los demás y con el Sentido de la Vida.
Por último, a tres cosas nos convoca otro maestro contemporáneo, Leonardo Boff (2011) sensible y abierto al} la experiencia actual de la humanidad. Tres dimensiones es necesario integrar, nos dice, en el camino serio de la autorrealización:
1. La primera es la dimensión de sombra. Cada cual posee su lado autocentrado, arrogante, y otras limitaciones que no nos ennoblecen. Esta dimensión no es un defecto sino un signo de nuestra condición humana. Acoger tal sombra, y cuidar de que sus efectos negativos no alcancen a los demás, nos hace humildes, comprensivos con las sombras ajenas y nos permite una experiencia humana más completa e integrada.
2. La segunda dimensión es la relación con los otros, abierta, sincera y hecha de intercambios enriquecedores. Somos seres de relación. No hay ninguna autorrealización si se cortan los lazos con los demás.
3. La tercera dimensión consiste en alimentar un cierto nivel de espiritualidad. Lo importante es abrirse al capital humano/espiritual que, al contrario del capital material, es ilimitado y hecho de valores como la verdad, la justicia, la solidaridad y el amor. En esta dimensión surge la pregunta inaplazable: ¿Qué sentido tiene al final mi vida y todo el universo? ¿Qué puedo esperar?
Otra vez, y para terminar, tres cosas para abrir-nos a qué nos puede volver a pasar en una Nueva Navidad:

"DE TODO, QUEDARON TRES COSAS"

la certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido
antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente, de la búsqueda,...un encuentro

FERNANDO PESSOA